Elisabeth Kubler-Ross
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cancer
Lugar de nacimiento:Zug (Suiza)
Fecha de nacimiento:
8 de julio de 1926
El pasado día 24 de agosto de 2004 moría en Phoenix, Estados Unidos, la
doctora Elisabeth Kubler-Ross, pionera en el estudio de la muerte y una
de las voces que desde el mundo científico con más vehemencia ha
defendido la idea de que la conciencia sobrevive al fin del cuerpo.
Miles de familias a las que la doctora Kubler-Ross ayudó a encajar la
muerte de sus seres queridos tienen una deuda con esta diminuta y
enérgica mujer de origen suizo nacida en 1926. Con su muerte, el mundo
del pensamiento alternativo ha perdido una de sus voces más firmes y
valientes.
Pero, zcómo comenzó el interés de esta psiquiatra por la muerte Pues
en la época que era una estudiante, cuando visitó algunos de los campos
de exterminio nazi tras la guerra. Elisabeth se sorprendió entonces de
que en las paredes de los barracones donde los judíos esperaban su
muerte inminente, los más pequenos de ellos, tan jóvenes que ni tan
siquiera poseían creencias religiosas, habían dejado plasmados sus
sentimientos con respecto a los que les aguardaba. Y lo que más impactó
a la joven psiquiatra es que, de una manera natural e instintiva,
aquellos ninos consideraban la muerte no como un final, sino como un
proceso de cambio, una mutación de estado. Como carecían de conceptos
para expresar tales sentimientos, aquellos ninos lo plasmaron en
dibujos de orugas que se transformaban en mariposas.
Esos dibujos infantiles tocaron profundamente a Kubler-Ross, quien a
partir de entonces se dedicó en cuerpo y alma a crear una nueva cultura
sobre la muerte. Horrorizada por el trato que se dispensaba a los
enfermos terminales en los hospitales, se convirtió en una voz crítica,
que clamaba porque el paciente recuperase su intimidad y se le
permitiese morir no entre los fríos muros de un sanatorio, sino en su
casa, rodeado de sus seres queridos y permitiéndole despedirse con paz.
Fue el comienzo de una larga sucesión de denuncias. Elisabeth ayudó a
muchos familiares a encajar su pérdida, a saber cómo enfrentarse a la
muerte de un ser querido, les explicó cómo apoyar al moribundo, lo que
debía hacerse en esos difíciles momentos y lo que debía evitarse. Bajo
su tutela se crearon fundaciones y movimientos ciudadanos que
reclamaban el derecho a una muerte digna. Y comenzaron a publicarse
libros, gracias a los cuales miles de familias recibieron consuelo.
Publicó un libro tras otro con sus descubrimientos, hasta un total de
22. Muchos fueron best-sellers, pero todo el dinero ella lo invertía en
orfanatos y proyectos asistenciales, jamás en sí misma.
Elisabeth, infatigable, estuvo junto al lecho de muerte de cientos de
pacientes, ayudándoles a enfrentarse a su situación, a aceptarla, a
comprenderla, y en definitiva a morir con esperanza. Ella fue la
primera psiquiatra que describió las fases de la muerte: pánico,
negación, depresión, pacto y aceptación, que se convirtieron en un
clásico de la psiquiatría.
Pero su mayor inspiración la encontró siempre en los ninos. Elisabeth
afirmaba que los más pequenos eran sin duda también los más valientes a
la hora de encarar la muerte, los que comprendían mejor que ésta
suponía una liberación. El símbolo de la mariposa se convirtió en un
emblema de su trabajo, porque para Kubler-Ross la muerte era un
renacimiento a un estado de vida superior. Los ninos -afirmaba- lo
saben intuitivamente; si no les contagiamos nuestros miedos y nuestro
dolor, ellos tienen la capacidad de ensenarnos muchas cosas.
Indudablemente sus colegas psiquiatras siempre la miraron con
escepticismo, como la doctora con caprichos místicos. Jamás le
importaron las opiniones ajenas; estaba tan imbuida en su trabajo que
siguió adelante, sin un atisbo de duda. Tras entrevistar a miles de
personas en trance de muerte, Elisabeth no tenía dudas acerca de la
supervivencia del alma. Si le cuestionabas que las visiones de los
moribundos eran producto de una alucinación mental, ella respondía: "zY
que tipo de alucinación es esa que permite a un ciego de nacimiento que
está muriendo contemplar su cuarto desde fuera de su cuerpo, ver a las
personas que lo ayudan, describir los colores de sus uniformes, y
acertar en todos los detalles".
Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la
de los demás, con el coraje que aprendió de los más pequenos. Los
últimos anos sufrió varios infartos y sabía que su tiempo había
concluido y que su misión, la semilla que había plantado, había
comenzado a dar sus frutos. Pidió que la despidieran con alegría,
lanzando globos al cielo para anunciar su llegada. Y dijo que ella
seguiría ahí arriba, a nuestro lado, "bailando con las galaxias". Aprender a despedirnos
Si algo llama la atención de los consejos que la doctora Kubler-Ross ha
dado a las personas que acompanan a un ser querido en su lecho de
muerte, es sobre todo la sencillez de sus premisas. "Cuando se está
junto a su cama y se les escucha de verdad -afirmaba Elisabeth-
percibes que ellos saben que la muerte está próxima".
Cuando el enfermo nos dice que sabe que va a morir, debemos aceptar su
declaración sin contradecirla. Según Kubler-Ross, la comunicación,
aunque el enfermo no pueda hablar, es continua; si prestamos atención,
él nos dirá lo que necesita. Estas son las cuatro funciones que
Kubler-Ross pide a los que acompanan a un moribundo: escucha verdadera
y sin juicios, aceptación, permanecer a su lado y comunicación.
Pero para poder escuchar de verdad, necesitamos antes vaciarnos de
nuestros propios asuntos, estar en un estado de calma interior que
pueda trasmitirse al enfermo, quien de ese modo también se liberará
poco a poco de sus propios asuntos pendientes. "Estar
sentado en la cabecera de un moribundo es un regalo -sostiene la
psiquiatra-, nuestro mejor maestro. De ahí saldremos más enteros, más
enriquecidos".